Sumario Nº 57
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Daniel Burman
Actores fetiche, padres solos y la respuesta a un pequeño gran interrogante: por qué el Oscar ningunea al cine nacional, aunque esté de moda. El director premiado en Berlín estrena "El nido vacío". Pasen y vean.

-Oscar Martínez y Cecilia Roth son los protagonistas de tu película. ¿Vuelve “Nueve Lunas”?
-¡Nunca lo vi! Creo que se reencontraron después de ese programa, alguna vez, en teatro. A Oscar Martínez lo había ido a ver actuar un par de veces, me encantó, lo conocí y me hizo una devolución del guión brillante. Y después, el nombre de Cecilia surgió charlando con él. Ni siquiera les tuve que hacer un casting.
-¿Por qué esta vez no actuó Daniel Hendler, que había protagonizado tus películas anteriores?
-Es que después de tantas películas juntos, me parecía bien que haya un descanso. Pero volverá a actuar en una futura película mía. Hay un vínculo muy importante de amistad que hace que haya una economía de palabras y de tiempos. Eso sí, con él escribimos el guión de “El Nido Vacío”. Fue un trabajo de reflexión conjunta, de ideas que iban y venían. Desde el principio, al saber que no iba a trabajar con él como actor, tenía ganas de sumarlo a la película desde algún lugar.
-¿Cómo es eso de tener un actor fetiche?
-Más bien trabaja conmigo porque me parece un actor extraordinario, un gran tipo y además un amigo. Pero lo de “fetiche” dejalo para una bombacha que te gusta oler…
-Tenés poco más de 30 años y tu película es sobre gente de 50. ¿Pintó el viejazo?
-No, pero es interesante trabajar con gente más grande. Estás en desventaja, porque los actores tienen una experiencia vital que vos no tenés. Te pone en una situación más exigente, es lo mismo que le pasa al psicólogo joven.
-¿Y vos con qué te sentís identificado de “El Nido Vacío”?
-Con muchos de los pequeños malos entendidos del personaje que hace Oscar Martínez en lo que respecta a esa fama minúscula y esporádica que podemos tener aquellos que cada tanto hacemos un evento artístico como es el estreno de una película. En algún ámbito podés ser una persona reconocida, pero en otro sos alguien totalmente extraño. Por ejemplo, si Florencia de la V entra a una librería o a una gomería es lo mismo. Los directores, en cambio, tenemos dos o tres meses de visibilidad cada vez que estrenamos películas, pero sólo en algunos ámbitos. Eso me genera mucha extrañez.
-¿Y ese no es el mejor tipo de fama?
-Lo mejor es que sea reconocida tu obra y vos puedas seguir caminando de forma anónima, porque te permite un contacto con la realidad de forma franca. A mí alguna vez hasta me reconoció un taxista… ¡Y en las heladerías me reconocen mucho!
-En la película, los hijos veinteañeros de un matrimonio de 50 se fueron. Vos tenés dos hijos de 3 y 5 años. ¿Hay algo en común?
-Es muy común escuchar a los padres primerizos diciendo que nunca más van a estar solos, como que la paternidad los protege de la soledad. Y lamentablemente eso es falso: mucho más rápido de lo que creemos los hijos desaparecen y nosotros nos empezamos a convertir en una carga, una molestia, alguien que llama insistentemente para ser contestado. Y eso es triste, pero también te puede llevar a tener un vínculo mucho más sano con los hijos si lo sabés de antemano, porque no es un amor que vuelve, es un amor que solamente va. Y después podrá volver o no. Pero no es una inversión ecuánime.
-Sos previsor si ya estás pensando en todo eso…
-Es que uno no escribe sobre lo que le pasa, sino sobre los miedos que le generan lo que le pasa. Eso es mucho más rico. Cuando escribía la película me imaginaba toda esa estructura que uno arma, la familia, una especie de castillo protector pero también de cárcel, que después se vuelve en algo más melancólico, porque deja de existir.
-¿Cómo fue cuando vos te fuiste de tu casa? ¿Te hincharon mucho?
-No, me fui a los 20 años, ya de grande. Y fue muy relajado. Creo que se prepararon para eso mis padres. A mí me impresionan mucho las familias que tienen tres o cuatro hijos y todos estudian carreras que solamente se pueden estudiar muy lejos del país. Parece que cuando uno se va, no puede irse acá cerquita, sino que se tiene que ir bien lejos.
-¿Es más difícil contar un pequeño drama que una gran aventura?
-No, todo es difícil. Pero los pequeños dramas se construyen en base a una sumatoria de sutilezas, entonces es más fácil equivocarte. Es la diferencia entre cocinar un pedazo de carne a la parrilla o hacer una pieza de pastelería. Si le agregás tres gramos más de azúcar, por ahí se arruina.
-¿Te ves haciendo una película de acción?
-Si vienen con un montón de plata y me contratan para eso, está todo bien. Aunque a mí no se me ocurriría hacerlo.
-¿Te sentís parte de una generación de judíos cool?
-Nunca lo pensé. Fui a Hebraica muchos años y al colegio Mitre, que queda en Valentín Gómez y Anchorena, es un colegio estatal pero con activa presencia judía. Me parece que soy uno de los judíos que no están todo el tiempo llorando sus tragedias, sino que tienen la misión de vivir y construir una cultura nueva. Tenemos que vivir recordando y vivir construyendo. Quizás, alguno haga más de una cosa y otro, más de otra. Tiene que haber gente para ambas misiones.
-¿Sí o no al “juicy jewish”?
-Me parece una boludez, una banalización y un hecho marketinero…
-O sea que no y mejor cambiamos de tema. ¿Qué pasa con el cine argentino afuera ahora? ¿Seguimos punteros?
-Hay mayor o menor presencia, pero pasó de ser una moda a tener un lugar muy importante en cualquier capital del mundo. Creo que hace tres años fue el momento de mayor bonanza.
-¿Pero por qué no llegan al Oscar las películas nacionales?
-Porque es muy difícil, hay que invertir mucha plata. Es una industria enorme y no llegan solamente las mejores, sino las que se pueden promocionar. Hay que hacer viajes, fiestas y lobby: un trabajo aparte.
-Bueno, no te podés quejar, te ganaste un Oso de Plata en el Festival de Cine de Berlín. ¿Cómo hiciste para traértelo?
-Lo subí en mano al avión y viajé en turista. Lo dejé arriba, con las valijas, y cada tanto abría a ver si estaba o si me lo habían afanado. ¡Sale siete mil euros, pero nunca lo voy a vender!
-Última: ¿a qué actrices convocarías para una escena de sexo lésbico?
-A Susana Giménez y a Mariana Fabbiani. Sería una escena de sexo lésbico muy dulce, conste. ¡Eso sí, no me preguntes a mí quién manda ahí!

 
Por JAVIER SINAY Foto: gentileza Revista Noticias

   
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