Sumario Nº 57
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SEPA COMO...
...EMBOCARLA CON LA EDAD
Conocé cómo funciona la técnica fetiche que usan los antropólogos para festejarle el cumple a los huesitos que encuentran. Tienen spytech carajo mierda!

Si como dice el dicho forense, los cuerpos hablan, hay algunos caminos para sacarle bocado al finado. Una de ellas es el Carbono 14, que sirve para medir los años de un resto orgánico y es, sin dudas, una de las técnicas mimadas de la arqueología. Empapados en la causa, nos calzamos el binocular y la caramañola y consultamos fuentes del Instituto Nacional de Antropología y Pensamiento Latinoamericano para que nos ayuden a entender cómo funciona el sistemita que le saca la ficha a todo resto que da vuelta.
El tema es así: las plantas absorben el carbono del aire, y los animales al comer vegetales lo depositan en los huesos. Y con el paso del tiempo, lo van desprendiendo de manera constante en la atmósfera (¿hasta ahí vamos?). Así, post hallazgo y aplicación de la técnica mediante, se deduce: a menor carbono, más viejito.
Básicamente: los físicos determinaron que perdemos la mitad del carbono a los 5.000 años, y luego paulatinamente de modo más lento. Con esto van calculando la edad de acuerdo a la cantidad encontrada. Igual, no es soplar y tantear años, ya que sólo se pueden datar huesos y maderas hasta 40.000 años para atrás. Es ideal para hallazgos “jóvenes”, porque en restos más antiguos el sistema se queda corto. Pero la parte más salada llega al analizar la muestra. Es que una vez extraída se manda a los pocos laboratorios que la examinan en nuestro país o al exterior, donde habrá que dejar 400 dólares a cambio del resultado (sí, por un ADN de merda). Eso, sumado a que el fechado no es exacto y generalmente se usa un rango de error o grado de probabilidad de 80 años, antes y posterior. Y si, es carbono, no polvo mágico.
Si de cuadros se trata, las vías para deschavar su edad se tornan aún más complicadas, y las técnicas suelen romper más de lo que aportan.
Es que para aplicar por ejemplo carbono radioactivo es necesario hacer corte y confección, y entre los tijeretazos se va dañando el material. La otra es la datación relativa, donde a través de análisis iconográficos, cromáticos, temáticos o deduciendo los elementos empleados, se logra ubicar cronológicamente a la obra. Aunque este tanteo muchas veces termina en saraza, ya que sólo se puede aspirar a saber si fue hecha antes o después que otras. Y hasta ahí nomás...

 
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